Autoregulación o un instinto animal. La maternidad nunca en la vida deja de sorprender.

Y cómo actuamos en momentos de crisis frente a nuestros hijos/as.

Hoy tembló, durísimo, como nunca antes.

Y lo primero que hice fue mirar a Majo, mi hija, ponerme a su nivel y decirle con toda la calma que pude reunir: “Mi amor, vamos afuera. Tranquila. No pasa nada.”

Por dentro temblaba yo también. Pero mi mente materna, no se si animal, no se si es ese instinto que domina las madres me hizo transmitir una paz profunda con una protección de leona.

Cuando salimos a la calle, nos sentamos en el piso mientras los vecinos salían angustiados. Mi hija buscaba con los ojos a su abuelo que tardaba en bajar, casi que entrando en angustia y llando. Yo la abrazaba y esperaba aparentemente en calma.

Todos estamos bien, me digo en este momento. Pero hay mamás hoy que no pueden decir lo mismo. Hay mamás buscando a sus hijos entre escombros. Hay niños que no saben dónde está su mamá. Hay familias que esta mañana eran completas y esta tarde no lo son. Y es inevitable sentirse impotente.

Con ganas de llorar. Con ganas de salir corriendo a ayudar aunque no sepa cómo. Con esa sensación horrible de querer hacer algo y no poder. Aparte de todo el cortisol y la adrenalina que sigue en el cuerpo y que se contuvo por no entrar en miedo frente a mi hija porque iba a ser peor. Entendí algo que ya sabía pero que olvido, como muchas cosas que solemos normalizar:

La calma que le damos a nuestros hijos en los momentos de crisis no nace de no tener miedo. Nace de la fuerza, de elegir, en medio del miedo, ser su refugio primero.

Y desde aquí, con el corazón apretado, pensando en todas las familias colombianas que hoy necesitan que alguien las sostenga. Solo se espera organización, solidaridad y empatía.

Un abrazo,

Ale.

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