La red de apoyo que creí tener (y la que de verdad tengo)

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Hay semanas que a una le dan un giro. La semana pasada fue una de esas. Mi hija estaba en receso del colegio y, justo ahí, las dos nos enfermamos. A ella le dio un virus fuerte. A mí me dio el doble.

Si no tuviera una hija, la verdad es que me habría quedado en cama toda la semana sin bañarme, sin comer si no tenía hambre, sin más plan que esperar a sentirme mejor. Pero cuando una tiene un hijo, eso no es una opción. Así una esté partida en dos, toca levantarse. Toca pensar en la comida, en organizarla, en acompañarla a comer, aunque una misma no tenga fuerzas ni para caminar.

Durante esos días, por momentos tuve a mi papá ayudándome. Pero la mayor parte del tiempo me encontré sola en mi casa, sosteniendo todo como podía. Y eso me hizo pensar en algo que casi nunca nombramos: la soledad de la maternidad autónoma es distinta a cualquier otra soledad. Todos nos hemos sentido solos alguna vez, pero esta es difícil hasta de describir.

Tener gente alrededor no es lo mismo que tener una red de apoyo

Esa semana me pregunté algo directo: ¿tengo red de apoyo, o solo tengo gente alrededor? Porque son cosas distintas. Yo me siento agradecida con las personas que me rodean hay con quién hablar, con quién salir, con quién charlar de vez en cuando. Pero una red de apoyo es otra cosa. Es gente dispuesta a estar ahí en el momento exacto en que una la necesita. Es alguien que, si yo no puedo, se hace cargo de mi hija de verdad no solo “dejarla con alguien”, sino alguien que conoce sus rutinas, sus dinámicas, cómo es ella.

Llegué a pensar: no quiero ir a urgencias aunque me sienta muy mal, porque ¿quién cuida a mi hija mientras tanto? Y ahí entendí que sí, tengo personas mi papá, mi mejor amiga, mis amigos — pero también entendí que construir una red real no depende solo de que ellos quieran estar, depende de que yo sepa pedirlo. Casi como decirle a alguien: quiero que seas el padrino o la madrina de este hogar. Y eso, aunque suene simple, es profundamente difícil.

Por qué nos cuesta tanto pedir ayuda

Creo que a las mujeres que criamos solas, en el momento en que nos damos cuenta de que vamos a criar solas —sea por embarazo, por decisión, por una ruptura— nos implantan un chip invisible que dice: tienes que poder con todo. Y de ahí nace la culpa, y un tabú alrededor de pedir ayuda, como si necesitarla significara que no somos buenas madres, o no somos suficientes.

En mi caso, pedir ayuda nunca se me ha dado fácil. Crecí con mis papás físicamente presentes, pero quien más me acompañó fue mi abuela — presente emocionalmente, sí, pero con una distancia generacional que también tenía su límite, porque yo no era su hija. Aprendí a resolver sola muchísimas cosas, a vivirlas en silencio, a transitarlas con mis propios pensamientos o, como mucho, a compartirlas con amigas, pero nunca dentro del hogar. Eso me construyó un caparazón hermético, difícil de romper. Y en la maternidad, ese patrón no desaparece — se hace más fuerte, porque dentro de mí sigue esa voz que dice yo puedo sola hasta el final.

Hasta que no pude más

Llegó una semana completa en la que las dos estábamos en cama, y a mí me tocó ir a urgencias porque ya no podía respirar. No tuve de otra que pedir ayuda. No hubo tiempo ni para pensarlo. Y después, reflexionando, entendí algo que quiero dejarte a ti también: no pasó nada. No pasa nada por pedir ayuda. No eres menos. No eres mala mamá. No es que no puedas cuidar a tu hija o tu casa. Simplemente, nadie puede con todo, todo el tiempo.

El equilibrio que estoy aprendiendo

Esta reflexión no es una invitación a recostarte completamente en los demás, ni a usar la soledad como excusa para exigir que todos te entiendan y te validen sin límite. Tampoco es cerrarte y repetir “yo puedo sola, no necesito a nadie” porque eso, tarde o temprano, colapsa. Es construir y tejer, de verdad, una red de apoyo: valorar la compañía de quienes te rodean, sí, pero preguntarte con honestidad quién hace parte de esa red que de verdad sostiene.

Si estás leyendo esto y no eres mamá autónoma, pero tienes una amiga cercana que sí lo es, piénsalo: quizás ella no te lo pide, pero lo necesita más de lo que imaginas. Y si eres tú la que cría sola, te dejo la misma pregunta que me hice yo: ¿tienes una red de apoyo real, o solo gente alrededor?

Hablar es gratis, así que no perdamos esas conexiones. Me encuentras en todas mis redes como @alemendez.col, y en sanandoparacriar.com tienes más información sobre mis sesiones uno a uno y algunos kits y recursos gratuitos que te pueden ayudar con la organización de tu crianza y tu hogar autónomo.

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