Sanar la culpa para maternar en libertad

La primera vez que sentí esa culpa que te quema el pecho, no fue por algo que hice, sino por algo que “dejé de ser”.

Como si al maternar sola, tuviera que compensar la ausencia de una figura paterna con una perfección imposible. Me convencí de que tenía que ser la mamá perfecta, la más fuerte, la que ocupa todos los espacios. Me prohibí el error. Me prohibí la fluidez.

Esa culpa me emboscó en el posparto, justo cuando mi licencia de maternidad llegaba a su fin. Mi hija tenía apenas cuatro meses y el mundo me lanzaba una pregunta que se sentía como una sentencia: ¿Ahora, qué vas a hacer?

Antes de buscar soluciones, llegaron los «hubiera» y esa lluvia de pensamientos que no cesaba:

  • “Soy mala madre por dejarla para irme a trabajar”.
  • “Si no produzco lo suficiente, ¿cómo le daré lo que necesita?”.
  • “Vamos a perder el vínculo porque estará al cuidado de alguien más”.
  • “No voy a poder con todo”.

Me encaminé directo a lo que la sociedad nos repite como un mantra cruel: “¿Quién te mandó? Ahora te toca ser papá y mamá al mismo tiempo”. Es la condena de la “familia rota”. Para no sentirme «incompleta», me obligué a ser perfecta: en el trabajo, en la casa, como mujer. Tenía que verme fuerte, feliz y con el semblante impecable, como si le debiera una explicación al mundo.

Pero hoy me pregunto: ¿Acaso hice algo malo? ¿Por qué sentía que debía levantarme cada día a rendirle cuentas a la sociedad, demostrando que no había fracasado como mujer?

Esa carrera me llevó a perderme. Ya no era consciente de los minutos valiosos con mi hija porque mi mente estaba en el siguiente pendiente. La palabra descanso desapareció de mi vocabulario, porque en mi lógica de aquel entonces, detenerse un segundo significaba la derrota.

Hoy sé que esa derrota no era real. La verdadera pérdida era desconectarme de mí misma para intentar encajar en un molde que nadie puede llenar.

Maternar sola no es una condena a la esclavitud del «hacer», es una oportunidad para criar desde una libertad que primero debemos darnos a nosotras mismas. Si tú, que me lees, sientes que hoy estás en esa carrera sin fin, quiero decirte: No estás sola y no tienes que demostrarle nada a nadie.

He creado un recurso pensado exactamente para esos días donde el ruido de la culpa no te deja respirar. Es parte de mi «Caja de Herramientas: Sanando para Criar», y quiero regalártelo hoy.

Descarga gratis el ejercicio del Modulo 4: «Crianza Respetuosa sin perderte a ti misma»

Aprende a identificar qué cargas son tuyas y cuáles te puso la sociedad. Empieza a maternar desde tu paz, no desde tu herida.

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